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Addis Abeba-Wukro: una utopía en bicicleta

¡¡¡Utopía conseguida!!!

Llegamos a Addis Abeba el día 10 de junio a la noche, llegamos sanos y salvos, habiendo pasado algún susto porque David se durmió, (sí, se durmió…) y cogió el avión en el último suspiro… También llegó Nagore (la cámara), que venia de Barcelona. En el aeropuerto de Bilbao la compañía área Lufthansa se encargó de adelgazarnos el bolsillo, nos sometió a un atraco, no a mano armada, sino que con todos los parabienes de la ley, nos “quitaron” 150 € por bicicleta (1050 €, porque eran 7), mucha jeta tiene esta gente que ha subido el coste de una forma considerable (el año pasado fueron 40 €), pero ellos son los que tienen la sartén por el mango así que a tragar…

Pero rebobinemos, dicen que es de bien nacidos ser agradecidos, y es por donde tendríamos que empezar, gracias a todas las personas que nos ayudan en esta iniciativa, personas anónimas y no tan anónimas. Cómo no acordarnos de los que nos han apoyado en el equipamiento: Giant, Caravanas Oyarzun, Etxeondo, Gurpil, etc. No nos queremos olvidar tampoco de Druck ni de la Charcutería Yolanda por todos los embutidos que servirán para hacerles una merienda a todos nuestros amiguitos de Wukro ni de otros muchos más aunque nos haría falta un hoja entera para los agradecimientos así que ¡¡¡Comenzamos!!!.

Llegamos a Addis y en la aduana nos pararon las bicis (tuvimos que pagar unos 15 € por cada una, en el grupo hubo gente que intento explicar a los funcionarios de aduanas que las bicis se quedaban en Wukro para los ciclistas de allí, que eran una donación pero no hubo manera, y tuvimos que pagar y las sacamos después de una hora y media, también se quedaron dos cajas pequeñas de medicamentos, que todavía no sabemos cómo sacarlas. Paradojas de la vida, vas a un país a donar pero tienes que pagar por ello. en Fin… A Nagore le denegaron la entrada de la cámara, que nos supuso varias horas de espera al día siguiente, hubo que pagar 100 dólares y nos dejaron sacarla del aeropuerto, mientras el resto del grupo se dedicó a terminar de alquilar el autobús que nos sigue durante el recorrido (que va a tope de medicinas, material sanitario, ropa y comida…), también compraron los vuelos de vuelta de Makele para Addis. Si bien los tramites en la aduana son un engorro, llegamos a la conclusión de que somos unos privilegiados, si comparamos a los africanos que quieren viajar a Euskadi, si no que se lo pregunten a Baketik por la suspensión de alguna de las conferencias que ha organizado la semana pasada teniendo a África como objeto de estudio motivado por la actitud del Gobierno Español y a su ley de extranjería, por que no es novedad que a gente invitada con carácter científico por parte de organizaciones del Estado (incluida la Universidad) les sucedan estas cosas. Ciertamente es paradójico que un gobierno que habla de alianza de civilizaciones no ponga ningún problema para que pueda llegar cualquier materia prima, sin olvidarnos que el dinero de la corrupción política de los países pobres está en los bancos de nuestro mundo que dice ser civilizado.

Una Utopía en bicicleta…

El viernes por fin empezamos la ansiada marcha (con muchas ganas, nervios y algunos “miedos”…), suponía dejar atrás trabas administrativas y el momento en el que empezaba a culminar el trabajo de mucha gente, nosotros somos los que damos la cara pero en la trastienda hay amigos, familiares, y gente desconocida que le ha gustado la idea y que o bien ha aportado algo material o simplemente nos ha dado una palmada de ánimo en la espalda, hecho que reconforta. También ha habido, lógicamente, criticas, a veces muy justas que nos han permitido rectificar errores (es en los errores donde esta la base del conocimiento, de lo que hacemos bien realmente no podemos aprender). Y seguimos dispuestos a aceptar las críticas constructivas, no sólo queremos palmaditas en la espalda…

Pero habíamos venido a pedalear ¿no? Pues vamos a ello…

La primera etapa entre Addis y Debre Birhan, empezó con la llegada puntual del autobús al hotel. La hora de cita eran las ¡¡¡4,30 de la mañana!!!. Nos llevó trabajo cargar el autobús, traemos muchas maletas con medicamento, comida y demás. Procedamos ahora a desglosar brevemente las etapas:

Etapas:

1) Addis-Debre Birham (95 kms) 2400-2700 mts

Salimos de Addis en bus y paramos a tomar un café en las afueras de Addis (Sendafa). Etapa dura, con repechos pero sin puertos relevantes, lo que se denomina “rompepiernas”, sobre todo la segunda mitad con mucho viento en contra. El final en alto en una cuesta interminable hasta el hotel EVA. Se hizo dura sobre todo porque era la primera y porque no nos habíamos aclimatado a la altura

2) Debre Birham-Dessie (120 kms)

Puerto duro de salida, carretera en obras, paramos en el alto del puerto ¿Tembaner? para observar las fantásticas vistas, además de los babuinos (monos de la zona). Fantástica y larguísima bajada (35 kms) Etapa dura, con mucho calor y varios puertos de montaña. Afortunadamente, el Busetto nos esperó con una suculenta comida a base de pasta, hongos y ¡cómo no! el deseado rape liofilizado…

Posteriormente se nos hizo de noche al llegar a Dessie

3) Dessie-Weldya (135 kms)

Etapa larga, bonita con una bajada preciosa y unas vistas de los montes fantástica. Una subida dura a mitad de etapa donde Oscar y David sufrimos un ataque de palos y piedras por parte de unos niños. Hubo un momento difícil, en el cual estuvimos a punto de subir al bus, pero nos recuperamos y subimos el último puerto respaldados por el busetto, (eso sí, a duras penas) desde donde se veía una panorámica del valle y de Weldya, donde llegamos al hotel un poco tarde.

4) Weldya-Lalibela: (35 kms)

etapa corta, pero dura con una subida exigente, todo fue puerto de montaña, casi 4 horas de subida, para intentar llegar a Lalibela de día y poder disfrutar de las iglesias excavadas en la roca. Mucho recorrido en bus.

5) Lalibela-Maychev? (140 kms)

Inicio en bus. Bajada del puerto ¿? hasta Weldya con varios repechos considerables, parada para tomar unos fantásticos zumos y de ahí a Cobo. Famosa por los 15 kms de Weldya a Cobo que se convirtieron misteriosamente en más de 50…

Llegamos al bus para beber agua, comida y reponer fuerzas. Segunda parte relativamente llana hasta Jalamata, donde comenzaba un puerto de montaña duro. Paramos a mitad de puerto donde nos esperaba el bus. Llegada a Maychev

6) Maychev-Mekele (130 kms+criterium del sol ciudad de Mekele)

Etapa más dura de todas posiblemente. Buenas sensaciones por parte de la mayoría. Un primer puerto de 7 kms para abrir boca y posteriormente el famoso Amba Alage (el Stelvio etíope), puerto duro, con rampas considerables sobre todo al inicio pero constante y de gran belleza en su parte final. Bajada hacia ¿Weiha? donde paramos en un pueblo para encarar la parte final de la etapa. Como anécdota, nos llegó la cobertura después de estar varios días incomunicados, incluso sin dar señales con el GPS. Al menos pudimos dar señales de vida a nuestras familias. Se formó un precioso abanico en la parte final de la etapa con Peio R, Eva y David. Pacto final al más puro estilo Tour donde la etapa fue para Eva y la general para David.

79

7) Mekele-Wukro (60 kms)

Paseo final de poco más de 3 horas, aunque con un puerto de montaña corto pero exigente. Óscar demostró que aún tenía fuerzas y se exhibió en la subida sacando varios minutos al resto. En la parte final fuimos escoltados por miembros del equipo ciclista de wukro y policías de la propia ciudad, donde dimos la vuelta de honor al pueblo. Intentamos dar un poco de miedo de cara al criterium del domingo siguiente, pero nos sirvió de poco…

8) Epílogo: II edición criterium internacional ciudad de Wukro. 45 vueltas a un circuito de 1.250 metros.

Desde el principio ritmo frenético. Jorge, Óscar y David se descuelgan en las primeras vueltas con caída incluida de David (Gracias, Xabi y Eva por vuestra ayuda durante todo el viaje…) y Peio R Cabestany se queda sólo ante el peligro. En las vueltas finales demuestra todo su saber y rompe el mini pelotón con sucesivos ataques. A falta de dos vueltas lanza el ataque definitivo y consigue ganar la prueba ante los gritos del público de “Trony, trony…”

TIGRIÑA

Ya sabréis que el idioma que se habla en esta región es el Tigriña. Lo que igual no sabéis es las risas que nos echamos a cuenta del idioma!

Por un lado las risas que se echan cuando no oyen hablar en tigriña. Cuando empiezan a hablar entre ellos y sale la palabra farenyi, sabes que están hablando de ti. Entonces la gracia es soltar todo lo que sabes en tigriña y se mueren de la risa. La mayoría sabemos cuatro cosas pero dichas una detrás de otra parece algo más: Por ejemplo, cuando vas a comprar algo y te dicen el precio, hay que soltar un “beziju beziju” (muy caro) con cara de susto y no veas las risas que se echan! Luego intentas regatear (porque te has aprendido los números!) pero o yo soy muy mala o en contra de lo que pensábamos aquí no bajan mucho el precio!

También se sorprenden mucho cuando les llamas “habesha” (que viene a ser como lugareño). Cuando vas por la calle con tu reluciente color lechoso (da igual que por la noche te mires a l espejo y pienses “hoy me ha dado el sol”, sigues lechoso!), y no te digo nada si vas dando el cante con cámaras, mochilas y demás, es inevitable que los niños y no tan niños te salgan al paso al grito de “farenyi farenyi”. Si entonces te giras y sueltas un “chao habesha” ya tienes unas risas aseguradas!

Y por otro lado están las palabras que se parecen a otras en castellano o en euskera pero no tienen nada que ver. Esta por ejemplo el pescado que se dice aza, la cerveza casera que se llama sua… Otras similitudes que solo las pillan algunas mentes mas calenturientas como buenos días/noches que se dice “dehando hadir/heder” (pronunciando las h como j)… Pero para mi la mas graciosa es que aquí una anchoa es un ratón!

El resto de las cosas que he ido aprendiendo han sido yekanñele (gracias), kemei (que tal), bethami tzubuuk (muy bien), ishi (o.k.), mugot (calor), txigri ele (no problem), mentzunka (como te llamas), beka (ya vale)… cosillas que van saliendo en el día a día. Pero os aseguro que hasta que no te vas haciendo con las palabras que se repiten, las preguntas más comunes o los nombres no es nada fácil!

Y luego hay otra cosa. Para confirmar algo hacen una especie de aspiración muy sentida y eso si que no os puedo explicar bien, así que… tendréis que venir!

Besarkada haundi bat!

INYERA

Cuando preguntas a alguien de Wukro ¿Qué es inyera? La respuesta es “Inyera is food”

En la misión St Mary, la comida es muy variada. No hay día que no haya cuatro platos distintos sobre la mesa: pescado, carne, patatas, pasta, arroz, alguna verdura (berenjena, pimientos, acelgas…)…. Pero la alimentación de los habeshas (los de aquí, lo contrario de farenyi) es muy distinta. Se alimentan básicamente de inyera a la que le añaden alguna salsa. La inyera es una especie de torta hecha con un cereal llamado teff. Lo hacen en unas cocinas de barro que tienen un hueco debajo para hacer el fuego y una especie de plancha redonda encima donde ponen la masa y hacen la inyera. Luego la guardan en unos cestos hasta que se acaba y vuelven a hacer más. Las salsas varían desde suro (o algo así) que es una especie de puré de legumbres, hasta salsas hechas con leche o bereber, una salsa roja no apta para farenyis sensibles… como pica!!!

Y no creáis que lo de la inyera solo se come en las casas pobres! Ayer nos invitaron a la celebración de una boda y también comimos inyera. Eso si, bien acompañada de distintas salsas, una especie de “zumo de naranja” o sua, la cerveza casera. Esta bebida varía mucho de una casa a otra y menos mal que la de ayer era suave porque para apagar el fuego del berber hace falta mucha sua!

Muxus

HUÉRFANOS

He pasado unos días acompañando a Tedrus en su trabajo. Tedrus es un trabajador social de la Oficina de Desarrollo (WSDP) y he podido conocer un poco el programa de ayuda a los huérfanos.

Hay unos 1200 huérfanos que forman parte de este proyecto, a los que se les da unos 250 bir al mes. Pero el trabajo de los trabajadores sociales es mucho más que repartir dinero. Día a día, van visitando a cada uno de los huérfanos para hacer un seguimiento de sus necesidades, analizando distintos aspectos de su día a día. Como siempre, cuando llegamos a una casa nos ofrecen lo mejor que tienen: el mejor asiento, café… y entonces, charlando, van saliendo todas las cosas que tienen que tener en cuenta los trabajadores sociales en cada visita: por un lado el tema sanitario (la alimentación, la higiene, el estado de la casa y la ropa, enfermedades…); también tienen en cuenta la educación (si van regularmente al colegio, el material escolar, aficiones…); y también se tiene muy en cuenta el entorno afectivo.

Además de este trabajo técnico, los trabajadores sociales de la oficina muchas veces se convierten en una referencia para los huérfanos acudiendo con ellos a la escuela si hay algún problema, acompañándoles al medico o escuchándoles y aconsejándoles.

Es muy difícil para mi contaros en unos párrafos lo que te encuentras en las casas cuando las visitas bien con alguien de la oficina (visitas más técnicas) o bien con Ángel, que cada noche hace una ronda visitando algunas de las casas. Hay familias en las que el hermano o la hermana mayor de unos14-15 años es responsable de otros 3 o 4 hermanos, otras en las que los mayores no pasan de los 12 y tienen a alguien que les ayuda con la comida pero el resto del tiempo se las arreglan solos, otros viven con la madre, en muchos casos enferma… Pero cada vez que entramos en una casa es una fiesta: enseguida se llena de vecinos y para cuando te das cuenta están cantando, bailando o han montado un teatro! No tienen tele ni play station pero os aseguro que no se aburren!

Muxutxus

Coffee ceremony

COFFEE CEREMONY

Los que me conozcáis sabéis que no soy muy aficionada al café. Y los que hayáis estado en Wukro sabéis que es prácticamente imposible rechazar un café!

Estos días han sido especiales en Wukro. La Semana Santa a tocado aquí una semana más tarde. Y la verdad es que ha sido impresionante. Por un lado están las ceremonias religiosas. Aparte de la misa la gente se pasa horas y horas en la iglesia meditando y rezando al ritmo de tambores y una especie de sonajeros. Por otro lado están las comidas familiares. Tras unos días de ayuno en los que solo podían comer a partir de las cuatro y no mucha cosa, el día de la resurrección se juntan las familias para comer y, como St Mary funciona como una gran familia, estos días hemos tenido a los niños comiendo con nosotros. Había que verlos, con sus vestidos tradicionales o de princesas, sus “xurupa”s (trencitas) y sus trajes de hombrecitos… ellos si que estaban para comérselos!!!! Y por otro lado están las invitaciones. Me sigue sorprendiendo que con lo poco que tienen sigan teniendo esas ganas, casi necesidad, de compartirlo todo! Y si no consiguen invitarte a comer, por lo menos tienes que aceptar la invitación a la “coffee ceremony”.

Las casas de aquí, la mayoría, tienen solo un cuarto de unos 10m2. En este cuarto tienen la habitación, el salón y la cocina. Que no os sorprenda lo de la cocina porque al fin y al cabo no es mas que una especie de cubo metálico donde ponen brasas de carbón y una mesa con todos los utensilios que puedan necesitar. El número de personas varia pero en las casas que he estado la media mas o menos estaría en unas 5. El caso es que para cuando llegas a la casa todo el mundo esta esperando para la “ceremonia del café”. Aquí el café se compra fresco y en grano por lo que lo primero que hacen es tostarlo en una cazuelita, te lo dan a oler, y después lo muelen con un mortero. Después lo ponen con agua al fuego y tras dejarlo hervir unas cuantas veces te sirven el primer café. Si, el primero, porque no solo no puedes rechazar la invitación sino que en cada casa tienes que tomar 3 cafés: awai, tawna y berka. Todo esto acompañado por palomitas, por lo general dulces, y en algunos casos por una especie de pan hecho por ellos.
Así que ya veis, al final me he aficionado al café!
En una de las casas me han dicho que la próxima vez lo tengo que preparar yo… así que ya os contaré!

Muxu haundi pila Wukrotik!

A Regar!!!!

¡A REGAR!

Los sábados por la tarde en Wukro son diferentes.

Para que os situéis un poco, Wukro esta a unos 900Km al norte de Addis Abeba, en la región de Tigrai, en la zona norte del país, frontera con Eritrea.

Aquí no existen cuatro estaciones como nosotros las conocemos (primavera, verano, otoño e invierno). Aquí hay dos estaciones: época de lluvias y estación seca. Visto así no parece tan malo pero si lo es si añadimos que la época de lluvias solo dura dos meses (Julio y agosto), y que debido a la topografía en Wukro el índice de precipitaciones es muy bajo, nos encontramos con una de las zonas más afectadas por la sequía.

Si a esto añadimos que por tradición y necesidad se ha venido utilizando la madera de los árboles como materia prima y combustible, nos encontramos con un paisaje seco y sin árboles lo que inevitablemente nos sumerge en un circulo vicioso de degradación ambiental y sequía: cuantos menos árboles menor protección del suelo y menor capacidad de infiltración del agua ya que las raíces sujetarían la tierra y los árboles disminuirían la velocidad de del agua de escorrentía. Total, que no hace falta ser un especialista para imaginarse las consecuencias de la falta de árboles: menor grado de humedad ambiental y de precipitaciones, fuerte erosión de la tierra en la época de lluvias, además de pérdida de biodiversidad…

Todo esto se intuye nada mas pisar la región, y por eso, uno de los proyectos personales que lleva a cabo Ángel junto con la escuela de agricultura y otros colaboradores (como el Foro Rural Mundial), son los proyectos de repoblación. En varios puntos de la zona, se han plantado y se siguen plantando árboles con la intención de recuperar la zona y evitar las consecuencias que comentábamos. En estos momentos no tengo los datos técnicos de estos proyectos pero si a alguien le interesa el tema podría informarme.

El caso es que dada la situación, estos árboles necesitan un seguimiento y un aporte extra de agua, que en este caso se realiza con la ayuda de los niños y de los voluntarios que nos dejamos caer por aquí, los sábados por la tarde en jornadas tipo “auzolan”. En las zonas de repoblación hay depósitos a los que se sube el agua en camiones y luego mediante regaderas se va distribuyendo el agua árbol por árbol. Cadena de hormiguitas

Como casi todo lo que pasa aquí, ¡es un espectáculo! Si te paras a mirar un momento es como un ejército de hormigas que van para arriba y para abajo, con sus “mafias” (regaderas) en las manos.

Es un trabajo duro pero como siempre que se juntan los niños, también hay sitio para juegos y risas. A veces nos despistamos con una canción o aprendiendo un baile y las regaderas vacías se acumulan hasta que desde el depósito se oye un grito de “mafiaaaaa” y las cadenas de hormiguitas se vuelven a poner en marcha hasta regar todos los árboles y volver a St Mary cansados pero sabiendo que hemos puesto un granito de arena para que esta zona se vaya pareciendo poco a poco a lo que era no hace tanto tiempo.
Muxus

Visita a Abrehed

Aquí todos los viajes se aprovechan y el mío no iba a ser menos. Después de oír unas cuantas veces ¿Cómo andas de sitio? vine cargada de globos, chocolate, queso, medicinas, pulseras… y entre todas esas cosas una pierna ortopédica. Esa pierna era para Abrehed.

Abrehed es una chica preciosa de 22 años. Cuando era pequeña, una bomba estalló en su casa. Varias personas murieron, a su hermana la metralla le destrozó la cara y a ella le llevo la pierna. No se si nos podemos imaginar lo que eso supone para una niña de su edad! Cuando la conocieron era una chica triste y acomplejada y yo he tenido la suerte de conocer a “otra” persona.

Abrehed trabaja como tesorera en la Oficina de Desarrollo de Wukro desde donde se gestionan los distintos proyectos. Vive con un hermano y una hermana en una pequeña pero bonita casa de Wukro. Aquí las casas son de una habitación, con un par de colchones en las que varias personas comparten las noches. Cuando hemos llegado con Abba Melacu el recibimiento es increíble. Abrehed esta con sus hermanos, sus dos inseparables amigas Tihas y Rahel, y unos vecinos que han venido a pasar el rato. Nos ofrecen café, risas, historias y cuando le damos la pierna (y recuerdos de Fernando), una enorme sonrisa!

Tihas y Abrehed

Tihas y Abrehed

L@s que hayais leido el libro Los angeles de Wukro ya sabiais todo esto pero para mi ha sido muy distinto leerlo y vivirlo. Pasamos un rato muy agradable, viendo como Ángel bromea con ellas, las anima, las “mima” y después de una visita así te quedas con la sensación de que el viaje ya ha merecido la pena.

Muxus.

Saludos desde Wukro !

Kaixo!

Llevo una semana en Wukro y sigo alucinando! El viaje fue sin problemas, de Donosti a Bilbo, de Bilbo a Frankfurt, de Frankfurt a Addis, y al día siguiente de Addis a Mekele y de Mekele a Wukro.

La llegada a Wukro fue hacia el mediodía lo que me dio la oportunidad de conocer a los habitantes y huéspedes de St Mary. Como anfitriones están Abba Melaku, Abba Geble, Abba Gidei, Bonna y Safu, junto con las cocineras y demás que se encargan del mantenimiento de la misión,

y como huéspedes personas de distintas asociaciones con distintos proyectos (Derandei Fundazioa, Irriak Eraikitzen, Fundación Adendia, Foro Rural Mundial, Paul, Fundación Telefónica…).

La verdad es que todo es nuevo para mí así que siguiendo los consejos de las personas que llevan aquí unos meses, hay que tomarse unos días para situarse. Aquí no se pierde el tiempo así que desde el primer momento voy conociendo los distintos proyectos que se están llevando a cabo y que espero conocer más a fondo a lo largo de este mes: la escuela de FP, sobre todo la parte de agricultura, los proyectos de repoblación, el hospital, los huérfanos…

Y además de todos estos proyectos está el contacto con la gente. A las tardes, los niños y niñas que están dentro de los programas se acercan a St Mary a hacer los deberes, y también hay una clínica en la que se atienden pequeñas heridas, afecciones de la piel, catarros… y otras “enfermedades” que se curan con una chocolatina. Por las noches, Ángel visita a las familias en sus casas lo que nos da la oportunidad a los “farengy” de conocer sus costumbres y ver como viven, y a ellos les aporta cariño y la oportunidad de hablar con alguien que saben que hará todo lo que está en sus manos para mejorar su situación.

No es fácil hacer un resumen de lo que pasa aquí y menos de lo que se siente así que intentaré ir contando poco a poco lo que voy descubriendo de estos apartados generales. Si tuvierais alguna pregunta o un interés especial por alguno no tenéis más que preguntar.

Muxu haundi bat Wukrotik!

 

 

Etiopia 2

Esporádicamente nos encontrábamos y me hablaba de Etiopía, de la labor que el hernaniarra Angel Olaran estaba realizando en la misión que tiene en la población de Wukro, al norte. Como siempre, yo me entusiasmaba con la idea de ir allá pero, como siempre, mi escepticismo autoimpuesto por los numerosos excitantes proyectos idos al traste, me hacían no ilusionarme en exceso con la idea de conocer este país de Africa.

Durante varios meses Imanol Apalategi me hablaba de ese viaje a Etiopía, hasta que un día puso fecha al viaje. Ya lo tenía decidido y la cosa iba en serio. Ya tenía los billetes reservados para él, su mujer Lourdes, su hijo, el ciclista cadete Martín Apalategi y para mi hermana Nuria que iba a grabar un documental. Un vuelo de Bilbao a Frankfurt, otro hasta Addis Ababa y otro más hasta Mekele, a 40 kilómetros de Wukro. Le tenía que dar una respuesta y lo hice. De acuerdo, pero no me saques el último vuelo, el recorrido lo haré en bicicleta y solo.

La desesperación de Imanol no tenía límites, intentaba convencerme de todas las maneras que eso era una locura. Me puso en contacto con gente que había estado o estaba en esa zona, con la embajada, hablaba con gente cercana para que me convenciera de desistir. Pude oir de todo en esos días, desde que los niños tiraban piedras, hasta que había muchos bandoleros por el camino, pasando por que las carreteras eran en algún momento intransitables. Cuanto más me decían que no lo hiciera más ganas tenía de hacerlo, no tengo remedio. Al final llegamos a un acuerdo, no me sacaba el último vuelo, pero yo tenía que ir acompañado por un nativo que me acompañara siguiéndome en un coche. Esa persona, que fue acompañado por su hermano para no aburrirse, se volvió a Dais Ababa al tercer día. No aguantaron y se dieron la vuelta, pero me sirvieron para tranquilizar a Imanol.

A partir de ahí, comenzaron los preparativos que, reconozco, no fueron muchos. Reconozco que soy un poco guebón. Pero si me compré un libro, y lo leí, sobre Etiopía y un mapa. Aparecieron los primeros problemas, los kilómetros entre localidades, a menudo, no coincidían entre lo que decía el mapa y lo del libro. El más grave, una referencia entre dos pueblos de 80 kilómetros en el mapa y 140 en el libro. Me podía esperar cualquier cosa. También me pasé muchas horas buscando en internet hoteles, o lo que fuera, en el recorrido, y mirando a traves del google maps las zonas por las que discurría mi camino. Otro error, en el google maps se ve todo plano y la realidad era un contínuo subir y bajar con algún puerto de más de 30 kilómetros… La bicicleta, por medio de Jose Casla, me la regaló Giant. En realidad me la prestó para el viaje, la bicicleta era para el equipo ciclista que tiene Angel Olaran en su misión de Wukro. Ahora mismo, según me dijeron, era la mejor bicicleta de montaña de toda la zona norte de Etiopía.

Poca cosa más, las alforjas, la mochila y una maleta aparte con ropa de ciclismo para el equipo. Los Apalategi llevaron un maletón enorme con material de ciclismo donado por Gurpil para el equipo, y medicinas para la misión. A la vuelta, vine con lo puesto, sin equipaje, pero totalmente lleno.

Facturé la bicicleta desmontada en una caja de cartón y declaré que eran piezas de recambio. Si llego a decir que era una bicicleta tendría que haber pagado una pasta. Incomprensible. Noche en Frankfurt, en un hotel pegado al aeropuerto con el ensordecedor ruido de los aviones pasando a pocos metros por encima de tu cabeza cada cinco minutos. En ese momento pensé si Etiopía sería peor que eso.
Volamos hacia Etiopía y, como siempre me ocurre en los aviones, me quedo dormido y no despierto hasta que estamos llegando a Jartoum, en Sudan. El primer contacto con la nueva realidad. Dos horas en un aeropuerto con baterías antiaéreas a la vista de la ventanilla y como únicos acompañantes, aparcados junto al nuestro, los aviones de la ONU. Llegamos de noche a Addis Ababa, y esa oscuridad nos ayudó a no impresionarnos demasiado al recorrer la ciudad en busca del hotel.

Al día siguiente, después de visitar en el museo nacional de arqueología a la australopitecus afarensis, Lucy, nuestra querida antepasada más antepasada que se conoce, nos dedicamos a montar la bicicleta entre Martín y yo, con la inestimable ayuda de el portero del hotel. Con todo preparado me fui a dormir. Al día siguiente comenzaba mi aventura y quería madrugar para atravesar Addis Ababa antes de que despertara esta enorme, pobre, caótica y bulliciosa ciudad.

Etiopia

El mundo está jodido, de repente, está muy jodido. A primeros de agosto ya se comenzaba a vislumbrar la grave crisis financiera mundial que se está produciendo, pero allá, cuando recorría la carretera que te lleva de Addis Ababa hacía el norte de Etiopía por las montañas, te sumergías en otro mundo. Un mundo en el que la palabra crisis tiene otro significado. Allí ninguna de las acepciones de la palabra crisis empiezan por “cambio brusco” o “mutación importante” o “momento decisivo”, allí es simplemente escasez, carestía. Mientras recorría con mi bicicleta uno de los países más pobres del planeta, tenía la sensación de haber retrocedido en el tiempo varias décadas. Ya se que esto último suena a ya leído, pero es así como lo sentía. En los cerca de ochocientos kilómetros que separan la capital de Etiopía de Wukro, mi destino a setenta kmts de Eritrea, no vi un solo tractor. Hasta el más pequeño trozo de tierra en valles o montañas, susceptible de ser cultivado, estaban surcados por los arados de madera de los que tiraban burros, bueyes o camellos. Tierras labradas y sembradas a la espera de esa lluvia que decide el grado de escasez que se padecerá durante el año.

En algunas zonas pasaba kilómetros y kilómetros rodando con mi bicicleta sin cruzarme con un solo vehículo, iba a decir a motor, pero no, ni con motor ni sin motor. Sólo gente, mucha gente andando por la carretera. A menudo transportando cosas sobre sus espaldas, un pesado arado, madera, ramas de eucaliptos, troncos o fardos. El que tenía un burro era un afortunado y, por lo general, eran las mujeres quienes haciendo con su cuerpo ángulo de noventa grados, cargaban lo más pesado. Al margen de esas zonas de puertos de treinta o cuarenta kilómetros que te acercaban a los cuatromil metros de altura donde podías sentir cierta soledad, en el resto del recorrido no podía parar a cagar, siempre había alguien cerca. Muchos kilómetros los pasaba esquivando animales de todo tipo, grupos de gente que caminaban por la carretera charlando tranquilamente, rebaños de ovejas, burros, camellos, vacas con enormes cuernos… y niños, niños por todas partes. Tengo la impresión de que eso eran caminos que utilizaban para ir de una aldea a otra y que cuando la asfaltaron, no entendieron eso como una mejora para los vehículos, sino que vieron alisar el suelo por donde seguirían andando. Eso sí, todo el mundo saludaba, era agotador, siempre levantando la mano del manillar para saludar a diestro y siniestro con la sonrisa perenne. Ellos hacían lo mismo pero con un atisbo de asombro en sus miradas y, a menudo me gritaban cosas. Lo habitual era un “gueyugoin” que entiendo era un “adonde vas” y yo contestaba que a Mekele, la ciudad más grande cerca de Wukro, mientras seguía pedaleando. Otra cosa que me gritaban mucho, normalmente los niños, era “farenji”. Tiempo después me enteré que quería decir algo así como extranjero, foráneo, y al igual que otras cosas que me decían, de las que nunca supe su significado, yo respondía con una sonrisa y un saludo con la mano. A saber que le dirían al pálido barbilampiño de ropas ajustadas, cargado con una mochila y montado en una bicicleta de ruedas gordas y enormes alforjas. Pues eso, a saber, pero siempre un saludo y buen rollito, por si acaso.
En el primer pueblo donde paré a dormir, los taxis eran rudimentarios carros tirados por un caballo, y las casas, o chabolas, de adobe. La multitud era protagonista, gente andando, parada, comprando, vendiendo. Gente por todas partes con sus típicas túnicas o sus ropas harapientas, pero todos ellos de una belleza apabullante. Por lo general, pobres por fuera pero ricos por dentro. Encontrar un sitio para comer no era sencillo, normalmente era una casa de adobe más en la que te tenías que fijar que tuviera mesas dentro. Si que podías encontrar algún sitio para “farenjis”, donde comían los chinos que construían la carretera, y no era plan. La primera cena de mi recorrido fue un preludio de lo que sería mi alimento de esos días. La socorrida “eljera”, una masa plana de pan blando y ácido, hecha con la harina de un cereal llamado “tif”. Extendido sobre una bandeja, se vertía encima dos cucharadas de trozos de carne guisados y se comía con las manos. Eso y una Pepsi, al cambio, 70 céntimos de euro.

Al principio, el entorno te desasosiega. No hacía más que repetirme que, de repente, el mundo está muy jodido. Pero el compartir mesa y charlas con los etíopes, pasear con algún paisano que te enseñaba orgulloso su pueblo y sentir su vitalidad y alegría te tranquilizaba algo. Al final te habituabas al entorno, llegando a sentirme realmente muy cómodo. Eso sí, yo sabía que al terminar mi trayecto, volvería a mi casa y no estaría pendiente de las lluvias para saber si al año siguiente tendríamos cosecha, con lo que eso supone en un país como Etiopía.

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